jueves, 31 de mayo de 2012
MEGAS SIMÓN
A mis papás, Pili y Niche.
Se
derrite el medio día en la yema de los dedos: Hueles a sal, a sol y a sobacos
sudados, en la plaza que lleva tu nombre – como en cada pueblo, en cada ciudad,
en todo cabildo y alcaldía en esta mitad de este lado del mundo -, de espaldas
a tu estatua de emperador romano y a la del adelantado – frente a la antigua
fortaleza del morro, sobre el camellón que lleva su nombre – con su pose de mariquita
– aunque no tanto como la de Prudencio en su plaza de Riohacha - . Te
sorprendes en monedas, estampillas, billetes, calles y loterías: La ubicuidad
omnipotente, increíble e indecente que te endilgaron: A ti, medio mulato de
pelos crespos y mirada triste, viudo joven, bailarín de salón y burdeles y
fogatas bajo las estrellas de Aragua o las arenas del Caribe. Culo de fierro
cabalgando, transfigurado, a lomo de potros salvajes y sueños delirantes el
vasto imperio de las riquezas desmesuradas y la bravura a flor de piel: El
adolescente que no tuvo derecho a hacer lo que le viniera en gana y le
obligaron a ser reflejo, ¡debiendo ser luz!
No
te pareces a ti, ni en los dolores del alma, ni en las heridas del cuerpo:
Bostezas y te sacudes el polvo espeso de todas las ciudades y pueblos que
tropezaste –bien en la gloria, bien en la miseria – con tu camisa amansa locos,
tus botas altas y tu pantaloncito apretado, tus palabras blasfemas y tus modos
de niño bonito de la capital petrolizada a la que el Ávila no le deja ver el
mar: Te han vuelto el más grande súper héroe de la tira cómica de nuestra
historia absurda… el caudal de vida que te sustentaba fue a parar a mares de
tinta y papel y ¡ha muerto! Nadie se acuerda de tus pataletas obscenas y
altisonantes, ni cuando anduviste andrajoso y mendicante las llanuras ardientes
o las alturas nevadas, si tiritaste como perro, te revolcaste en tus miserias y
lloraste sin consuelo evacuando por tus partes inflamadas. Nadie te recuerda
como un simple cristiano, al fin eso eras, aunque masón y un día te pensaras
majadero…
Detestas
al tipo en que te han convertido.
Te
detienes un momento a tratar de reconocer esta ciudad de casas blancas y
colinas oscuras, brisa loca y el mar cristalino donde araste sin presentirlo:
¡La pinga! Te palmeas en la frente y te buscas en los bolsillos, reconociéndote
en la desnudes que permite el anonimato, defendiéndote de los recuerdos como si
se trataran de los de otro: Te reconoces ajeno, distinto a lo que se dice, cree
y predica de ti, más parecido a tus pesadillas que al más enclenque de tus
pensamientos: Te han estirado la nariz y la bemba, alisaron tu pelo ahora cano
y palidecieron tu piel al extremo de la caricatura, llenando tu pecho de
preseas y coronándote de laureles que no deseaste en tu infancia en San Mateo y
desdeñaste en tus ultimas en San Pedro… Te da gusto pasar inadvertido, ojear el
periódico, sorber un tinto en el parque al lado de la alcaldía y ver cómo te
llueven las palomas en la estatua que tanto difiere de ti en los años en que
doblegabas al viento y detenías al sol para ganar una batalla o cambiabas el
rumbo de un río y enlazabas una estrella para ganar un corazón: Ese eras tú, para nosotros y seguirás siendo para
los hijos de nuestros hijos, pero no, tú sólo eres un paisano que se sienta a
ver las sobras de nuestros tesoros tras vidrierías de museo y en colgajos de
buhoneros sobre la única avenida que recorriste y recorrió tu cuerpo sin ti y
donde se te aguaron los ojos sabiéndote perdido en los laberintos del tiempo:
Bolívar soy yo, dijiste, secándote el sudor de este medio día en que el mundo
se derrite bajo los pies...
Autor: Luis Carlos Ramírez Lascarro
Alheña y azúmbar
¡Ya no más –por favor– las aburridas descripciones de semillas tropicales!”
Gabriel Jaime Franco
Ni mucho, ni poco.
Al plátano hartón de cáscara roja le falta un grado para ser veneno. Compadre, no coma coco.
Si se ha comido banano y se tomado ron, muerte segura. Nadie comió. Ni yo tampoco.
La pepita de la pitahaya si la comes no la muerdas, si la muerdes no la tragues;
si la tragas, allá tú.
La pepita de la granadilla si la tragas se te embucha.
Para que no se te embuche, mejor que no comas mucha.
La pepita de la granada no es como la de la granadilla.
La pepita de la guayaba no es como la de la granada.
Y la pepita de la papaya no es como la de la guayaba.
Es como la de la papayuela, pero más dulce.
Si es más dulce es más sabrosa, si es más sabrosa es más cara.
Para que no sea más cara no compre papaya ni compre nada.
La pepita de la guanábana es como la de la chirimoya. Y ambas son como la de la calabaza. Cuando a uno le dan calabazas no le dan chirimoya ni le dan papaya.
Las pepitas de la guama se usan para hacer zarcillos,
quiero decir que se utilizan como pendientes,
o mejor dicho lo que quiero decir es que los chicos se las cuelgan en las orejas.
Trae el corozo una nuez, trae la nuez una almendra,
pero la almendra de la nuez no es como la nuez del corozo.
Si no se entiende que no se entienda.
La ciruela se lava, pero no se pela; el madroño se pela pero no se lava.
Para saber si una fruta se lava o se pela hay que consultar el diccionario.
El diccionario tiene la palabra. Pero si no la tiene será que le falta una página.
La pulpa de la algarroba se ataruga y se atraganta.
Si tomas agua se forma una pasta y se te pega en la garganta.
Con la garganta atragantada tratas de ver si resuellas o si no resuellas nada.
Si no resuellas mortus est.
El icaco es una fruta especial para diabéticos: no tiene azúcar,
ni tiene harina, ni tiene icaco ni nada.
El que come patilla oxidada seguro estira la pata.
Para no correr el riesgo es mejor comer sandía. La sandía es una fruta sandia.
El tamarindo es la fruta que más me gusta porque es de negros y de tierra caliente.
Qué sería de los blancos cuando van a tierra caliente si los negros no les sirvieran refrescos de tamarindo. Con el sabor áspero del tamarindo se forman bolas ácidas recubiertas de azúcar que sirven para vender en las calles de Cartagena y se hace una miel espesa de tamarindo para lamer sobre hojas de plátano. También se hacen sorbetes para el arzobispo y además el árbol de tamarindo produce una sombra verde y fresca para construir un banquito y sentarse alrededor del tronco. El tamarindo es un tronco de árbol copudo completamente lleno de tamarindos. Sólo los negros lo pueden coger porque no es fruta de blancos. Si los blancos tuvieran tamarindo entonces los negros serían blancos. Pero no puede ser.
Hay muchas frutas que son de negros. Dios les dio a los negros la tierra caliente y las frutas porque Dios tiene predilección por los negros, eso es evidente.
A los blancos los puso en tierras frías para que se resfríen,
pero ellos inventaron la aspirina y las cobijas de lana.
El níspero y el mamey son frutas de negros. Y el zapote también.
Pero lo que pasa es que a los blancos siempre les ha gustado comerse
la comida de los negros. Y la música de los negros.
Y los bailes de los negros. Y las negras de los negros.
Sigamos: mi negra se emperejila, se emperespeja, se aliña,
Con alhucema y albahaca, con cidrón y toronjil,
Con lavanda, con canela, con loción y con anís.
Mi negra tiene un meneo que no cabe por la calle,
Mueve el tacón y la punta del zapato y ese baile
Derrama tantas fragancias que no caben en el aire.
Mi negra es alta y esbelta, muy lucida y bien plantada,
Su cuello es tan largo que anda su cabeza por el aire.
El donaire de mi negra no cabe en ninguna parte.
Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos,
Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas…
Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados.
Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda,
No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre,
aunque sea un concepto. Mi negra no tiene conceptos, ella nació y se crió desnuda,
y por lo tanto no se puede vestir completamente porque mientras más se viste
más desnuda queda.
Se emperimbomba, se tiñe, se sahúma, se apercala,
Se va de rumba y regresa cuando está la noche alta.
Yo no sufro por mi negra. ¡Cómo me alegra mirarla!
Mi negra camina en versos de cuatro o cinco tonadas,
Su habla es un canto largo, con las palabras cortadas.
Mi negra es dulce por fuera. Por dentro yo no sé nada.
Por dentro mi negra tiene alguna cosa guardada.
Agüita de manzanilla,
Tisana de ron y eneldo,
La raíz del limoncillo
Y un manojito de espliego.
El aire huele a linaza
Con astillas de canela.
Con alheña y con azúmbar
Viene pintada mi negra.
Pintada no es la palabra,
Viene más azul que negra,
Como esculpida en el aire
Durísimo de la piedra!
Jaime Jaramillo Escobar (X-504)
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


